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Letras


LITTERÆ



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El alfabeto utilizado por los romanos de época clásica constaba de las siguientes letras:

A B C D E F G H I K L M N O P Q R S T V X Y Z

Es básicamente el mismo alfabeto que usan todavía hoy la mayoría de lenguas del mundo. Los antiguos romanos ya observaban una diferencia funcional entre la I normal y una alternativa más alargada, que más tarde se convertiría en J, pero no concebían una diferencia significativa entre V y U, como se estableció posteriormente, ni usaban otras variantes del tipo de Ç, ñ o W.

Los romanos de época clásica tenían varios estilos a la hora de escribir las letras de más arriba, dependiendo en gran medida de los materiales utilizados para escribir. Como se verifica en la mayoría de los sistemas de escritura, sin embargo, estos estilos pueden agruparse en dos claramente diferenciados.

Hay uno formal, que ahora llamamos letra capitális, que se usaba en monumentos, documentos legales, anuncios públicos, libros para la venta, joyería, y, en general, siempre que el texto estaba concebido para perdurar y podía incluso tener algún tipo de valor ornamental. Lo podemos ver más abajo utilizado en piedra, bronce, paredes enlucidas, papiro o, más tarde, pergamino, y en muchas otras superficies y objetos.


 

 l·cornelio·l·f / svllae·feljcj / dictatori / vicvs·laci·fvnd 

 Base de estatua en honor de L. Cornelio Sila C. I. L. vi 1297 (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>) 

 

 d·m / ti·clavdivs·evtychvs / clavdiae·memnonidi· / conivgi·bene·merenti·et·sibi / liberisqve·svis·fecit·libertis / libertabvsqve·posterisqve· / eorvm·itvambitvm·h·m·h·n·s· / infronte·p·xv·inagro·p·xv· 

 Epitafio de Ti. Claudio Eutico (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>)

 

 l·aimilivs·l·f·inpeirator·decreivit / vtei·qvei·hastensivm·servei / in·tvrri·lascvtana·habitarent / leiberei·essent·agrvm·oppidvmqv / qvod·ea·tempestate·posedisent / item·possidere·habereqve / iovsit·dvm·popvlvs·senatvsqve / romanvs·vellet·act·incastreis / ad·xii·k·febr 

 Bronce de Lascuta, con un decreto de L. Emilio Paulo como proconsul de España Ulterior (-189) C. I. L. ii 5041 (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>) 

 

 apollini / avg / sempronivsca/rvs silvini f / lvcretivsmarti/alis lvcreti f / aediles / d s p f c 

 Bronce de Andelos (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>) 

 

   Cartel electoral (de Pompeii and Herculaneum Syllabus, Classics 36 <http://www.amherst.edu/~classics/class36/pompeii/topography.html>) 

 

   Anuncio de un espectáculo (de Pompeii and Herculaneum Syllabus, Classics 36 <http://www.amherst.edu/~classics/class36/pompeii/topography.html>) 

 

 idaliaelvcos’vbim[ollis’amaracvs’illvm] / floribvs’etdvlciad[spirans’complectitvrvmbra] / iamq·ibatdictopar[ens’etdonacvpido] (Verg. A. 1,693ff.) 

 Manuscrito de los siglos IV al V (de Alfabeto Romano <http://www.proel.org/alfabetos/romano.html>) 

 

 volvitvraterodortectis·tv[mmvrmvrecaeco] / intvssaxasonantvacvas[·itfvmvs·ad avras·] / accidithaecfessiset[iamfortvnalatinis·] (Verg. A. 12,591ff.) 

 Códice del siglo IV (de Alfabeto Romano <http://www.proel.org/alfabetos/romano.html>) 

 

 vinari / letari 

 Tabla lusoria de La Olmeda  (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>)



Había un segundo estilo, el informal, que ahora llamamos letra cursíva, que se usaba para transacciones cotidianas sin valor ornamental. éste es menos conocido de la mayoría de la gente, a causa de la naturaleza precaria de los materiales sobre los que se usaba y el menor valor artístico de los objetos en que lo encontramos; pero era, de hecho, el principal estilo que la mayoría de los romanos habría usado en su vida práctica. Lo podemos ver más abajo en tablillas enceradas o de madera, graffitis parietales o hueso, y se usaba en muchas superficies similares.



 

 cn pompeio grospho grospho / pompeio gaviano II vir jvr dic / vi idvs jvlias / privatvs colonorvm coloniae / veneriae corneliae pompej/anorvm ser scripsi me / accepisse ab l caecilio jvcvndo / sestertios mille sescentos 

 Tablilla encerada pompeyana del año 59, documento no. cxliii de los editados, en 1898, por el Prof. Zangemeister como suplemento al C. I. L. iv. (de J.E. Sandys, A Companion to Latin Studies, Cambridge, University Press, 1910, pp. 767f.). 

 

 cl · seuerá · lepidinae [suae] / [salu]tem / jiijdusseptemb[res]sororaddie[m] / sollemnemn[a]talemmeumrogo / libenter[f]aciásutuenias / adnosi[u]cundioremmihi

[diem]jnteruentútuofacturásj / [...] / cerial[emtu]umsalutáaeliusmeus / <ó?> etfiliol[u]ssalutant / sperabotesoror / ualesoro[r]anima / meaitau[al]eam / karissimaethaue 

 Invitación a una fiesta de cumpleaños escrita en torno al año 100 en una tablilla para escribir de madera hallada en el fuerte de Vindolanda en la frontera septentrional de la Britania romana, dirigida a Sulpicia Lepidina, la esposa del comandante de la guarnición, por Claudia Severa, cuyo saludo al final de la carta es el texto latino más antiguo documentado de mano de una mujer (de Chris Scarre, The Penguin Historical Atlas of Ancient Rome, Avon, The Bath Press, 1995, p. 78). 

 

 6. littera theorianis semperdictvra salvtem / nominenvnc · dextri tempvs inomnemanet (Anon.)

7. svrda · sit · orantitva janva · laxaferentj / avdiat · exclvsi · verba · receptvs · [a]man[s] (Ov. Am. 1,8,77)

janitor · addantjs · vigilet · si · pvlsat · jnanis / svrdvs · in · obdvctam · somniet · vsq[ve ·] seram (Prop. 4[5],5,47) 

 Graffitis pompeyanos, con dos citas de los poetas (C. I. L. iv 1891-93-94), más de 1/3 (de J.E. Sandys, A Companion to Latin Studies, Cambridge, University Press, 1910, pp. 738f.).



Con el tiempo se desarrolló un tercer estilo de letra, la unciális, que es simplemente una versión más pequeña de la capitális con influencias relativamente fuertes de la cursíva.



 

 quibonanec/putarenecap/pellaresoleat (Cic. Rep. 1,27) 

 Códice del siglo I (de Alfabeto Romano <http://www.proel.org/alfabetos/romano.html>) 

 

 suamanubonu[mnobilemocciderat] / alanatonecen[soresenatumotusest] / uastaitaporcia[facta] / mclaudiomarcello[qfabiolabeonecos] / plicinicrassipo[ntificismaximi] / ludisfuneribus[...] 

 Papiro de Oxirinco del siglo III en estado fragmentario con parte de un epítome de Livio, New Pal. Soc. 53; Oxyrhynchus Papyri, iv, 1904, p. 97; cf. Liv. 39,42-46 (de J.E. Sandys, A Companion to Latin Studies, Cambridge, University Press, 1910, p. 771). 



Las formas del estilo de letra capitális son prácticamente idénticas a las de nuestras actuales mayúsculas, mientras que la cursíva puede haber influido en la evolución de la anterior hacia la unciális, una versión más pequeña que es a su vez la predecesora de nuestras minúsculas; pero es importante comprender que, en tiempos romanos, la diferencia entre la capitális y la cursíva, o incluso la posterior unciális, no era en absoluto comparable a la diferencia que ahora establecemos entre mayúsculas y minúsculas cuando usamos las primeras al principio de algunas palabras, o para títulos, en textos por lo demás escritos en minúscula.


ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ
abcdefghijklmnopqrstuvwxyz


Eran simplemente distintos estilos de escribir un mismo alfabeto de caracteres únicos, y eran equivalentes más bien a la dualidad que existe entre nuestros caracteres de imprenta y la caligrafía manual. Por supuesto, no se habrían mezclado en un mismo trozo de texto, de la misma manera que nosotros no escribiríamos unas letras a máquina y otras a mano en un mismo escrito, por no hablar de una misma palabra.


ABCDEFGHIKLMNOPQRSTVXYZ
ABCDEFGHJKLMNOPQRSTUXYZ

Exactamente igual que los árabes o los japoneses, por lo tanto, a pesar de una cierta variedad de estilos de escritura, los romanos tampoco tenían el equivalente de nuestra alternancia significativa entre mayúsculas y minúsculas dentro de un mismo trozo de texto en ninguno de ellos, ni escribían de forma diferente la primera letra de una frase o nombre propio y el resto.


Ligaduras

Los romanos, con el fin de ahorrar espacio, dado el alto costo de la mayoría de los materiales en que escribían, usaban las llamadas ligátúrÆ, es decir agrupaciones de letras escritas juntas mediante el uso compartido de un trazo común. Había muchas de ellas: AE podía encontrarse como Æ, y, de manera similar, AN, TR, VM y muchas otras podían aparecer fundidas en grupos de dos, tres o incluso más letras.


 

 clavdia · attica / attici · avc · lib · a · rationib / in · sacrario · cereris · antiatinae / deos · sva · impensa · posvit / sacerdote · ivlia · procvla / imp · caesar · domitiano / avg · germanic · XI · cos 

 (nótese la ligadura de NIB al final de la segunda línea, NT y NAE hacia el final de la tercera, y AN al final de la sexta, con una pequeña o dentro de la N) 

 Inscripción a Ceres (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>) 

 

 l·cornelio·l·f / svllae·feljcj / dictatori / vicvs·laci·fvnd 

 (nótese la ligadura de ND al final de la última línea) 

 Base de estatua en honor de L. Cornelio Sila C. I. L. vi 1297 (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>) 


Diacríticos

Los romanos sólo tenían dos diacríticos, y no utilizaban ninguno de los dos con ninguna regularidad.

Punto

Los romanos escribían a menudo sin separar siquiera las palabras con espacios, como hemos visto más arriba en varios casos. Además, lo que está claro es que nunca distinguían oraciones o frases usando la coma, el punto y coma, los dos puntos o el punto, ni conocían tampoco el signo de interrogación o de exclamación, los paréntesis, las comillas o ningún otro de los diacríticos a que estamos acostumbrados. De hecho, el único signo que usaban, y sólo en los escritos más elegantes, como los monumentales, era un punto que utilizaban no como punto final, sino para separar las palabras unas de otras. También hemos visto esto en las inscripciones de más arriba. Este punto podía a veces asumir formas más sofisticadas, como una hoja de parra, por ejemplo, como se ve más abajo.


 

 v·f / t·sallvstivs·t·l·pvsio / tonsor / assia·l·l·catvlla / sibi·et / gavio·c·l·lalo·filio / in·fronte·p·xii / in·agrvm·p·xii 

 (nótese la hoja de parra entre la V y la F en la parte superior, y en el centro de las dos últimas líneas — puntos normales en el resto de los casos) 

 Estela de T. Salustio Pusión (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>)


Ápice

Los romanos del periodo más sofisticado de la cultura clásica utilizaban, tanto en la escritura monumental como en textos más domésticos, un signo llamado apex, idéntico a lo que hoy en día conocemos como acento agudo ( á ). Este signo, sin embargo, no se utilizaba para indicar el acento de la palabra, como en un reducido número de modernos vernáculos, sino para marcar las vocales largas (ver el archivo sobre pronunciación), como se hace todavía hoy en lenguas como el islandés, húngaro, checo y muchas otras.


 

 augustó · sacr · / a · a · lúcij · a · filij · men · / proculus · et · iúliánus · / p · s · / dédicátióne · decuriónibus · et · / augustálibus · cénam · dedérunt 

 Inscripción a Augusto (fotografía de la Universidad de Navarra, Departamento de Historia <http://www.unav.es/hAntigua/textos/docencia/epigrafia/matep.html>)

 

 uobis · ujdetur · p · c · decernám[us · ut · etiam] / prólátis · rebus ijs · júdicibus · n[ecessitas · judicandi] / jmponátur quj · jntrá rerum [· agendárum · dies] / jncoháta · judicia · non · per[egerint · nec] / defuturas · ignoro · fraudes · m[onstrósa · agentibus] / multas · aduersus · quas · exc[ogitáuimus] / ... 

 Fragmento papiráceo de Berlín con trozos de discursos pronunciados en el Senado, adscrito a la época de Claudio, año 41 al 54, facsímil en F. Steffens, Lateinische Palaeographie, taf. 101, ed. 1906 (de J.E. Sandys, A Companion to Latin Studies, Cambridge, University Press, 1910, p. 768).


La ortografía latina en la actualidad

Es evidente que los usos gráficos de los romanos de época clásica eran bastante primitivos en comparación con los de nuestros días. Hay gente que cree por esa razón que nuestros hábitos de escritura son vernáculos, y por lo tanto, de alguna manera, espurios y artificialmente impuestos al latín a posteriori. Olvidan que la mayoría de nuestros usos ortográficos son evolución natural de prácticas romanas y fueron orgánicamente desarrollados a través de la historia por personas que hablaban y escribían en latín, con el objeto de alcanzar mayor claridad y distinción al leer y escribir el propio latín, no las lenguas vernáculas; y esos usos pasaron del latín a los vernáculos, y no alrevés.

La antigua diferencia de forma entre una I más corta o más alargada (i/j), la última de las cuales, ya en la antigüedad, se usaba frecuentemente en la cursiva en posición inicial de palabra, correspondiendo a menudo al sonido consonántico, como puede verse en las ilustraciones de más arriba, se formalizó en tiempos posteriores para esta útil función específicamente, permitiendo así plena transparencia en cuanto a la diferencia de pronunciación entre el primer sonido de janua y de iambus, o de significado entre formas como perjerat y perierat. La diferencia, no significativa previamente, entre la puntiaguda V de la capitalis y la redondeada u de algunas formas de cursiva o de la uncialis se puso igualmente al servicio de una ortografía más transparente. Era así finalmente posible distinguir debidamente vocales de consonantes. Otras variantes a las que no se podía asignar valor fonético distintivo, como una T más o menos alta o una S más o menos estirada, fueron o bien mantenidas por motivos meramente estéticos o bien finalmente eliminadas como funcionalmente improductivas. Algunas ligaduras, como Æ u œ fueron igualmente preservadas para ayudar a distinguir los correspondientes diptongos de los hiatos ae y oe, mientras que muchas otras se abandonaron. La separación de palabras mediante espacios resultó un expediente tan útil que pocos contemporáneos serían capaces de leer sin él; y la rica variedad de signos de puntuación introducida también en periodos posteriores de la historia del latín facilitó la lectura con las pausas necesarias, y nos permitió distinguir las partes componentes de las oraciones, o determinar más allá de toda duda si nos encontramos ante un enunciado, una exclamación o una pregunta. Finalmente, la distinción entre mayúsculas y minúsculas conllevó no sólo una cierta elegancia, sino también algo de claridad adicional a la gramática (realzando los nombres propios) y a la estructura del discurso (marcando el principio de las oraciones).

De la manera más desafortunada, sin embargo, y por las razones menos sensatas, ha surgido una moda de fundamentalismo ortográfico que, abandonando una más que razonable tradición de siglos de escritura latina, pretende volver a los usos gráficos de los antiguos romanos. Esto es tan absurdo como querer renunciar al uso del papel o al libro moderno, y alegar que algo no es latín clásico a no ser que esté escrito en rollos de papiro. Debería resultar evidente a cualquiera que podemos ser completamente respetuosos de la cultura antigua y cultivar la más pura forma de latinidad clásica a la vez que seguimos usando métodos de escritura más desarrollados que los que nuestros ancestros tenían a su disposición y que son además resultado de siglos de tradición latina. Por supuesto, dado que los fundamentalistas rara vez se guían por la razón, la vuelta a los usos antiguos no sigue ningún criterio más allá de su propio capricho arbitrario, y a veces son puristas y otras no, según les apetece. Así, algunos se han propuesto eliminar la diferencia entre i y j como no romana, pero se sienten la mar de satisfechos, contra toda lógica, de mantenerla entre v y u. Otros consideran que el uso de las mayúsculas debería eliminarse, y usan minúsculas al principio de las oraciones, pero luego siguen arbitrariamente usando las mayúsculas en los nombres propios e incluso en adjetivos. Por supuesto, ninguno de esos puristas se ha atrevido a admitir el hecho de que una vuelta al uso antiguo requeriría escribir todo en mayúsculas en vez de en minúsculas, y que tendrían de hecho que dejar de usar ningún tipo de puntuación.

El aspecto más triste del moderno caos ortográfico es que no tiene nada que ver con el latín. Tiene su origen en intentos de reforma ortográfica que parecían tener perfecto sentido en un vernáculo como el italiano, pero que algunas personas sintieron la necesidad de imponer por la fuerza también al latín, con deplorables consecuencias. Mientras que la mayoría de lenguas europeas, incluido el latín, se sentían cómodas con el uso secular de i y j, y v y u, puesto que todas esas letras representaban sonidos claramente diferentes o aparecían en contextos silábicos claramente diferenciados, en italiano el uso de i y j se había hecho tan complicado a causa de prácticas arbitrarias, en conflicto entre sí y sin demasiada relación con ninguna realidad fonética, que la gente tenía verdaderas dificultades para determinar cuándo una palabra tenía que escribirse con i y cuándo con j. Dado que el italiano es una lengua con principios ortográficos muy sencillos en el resto de los casos, surgió por tanto presión por abandonar el uso de la j. Ahora bien, esta medida absolutamente sensata en el caso del italiano se aplicó innecesariamente también al latín por gente que estaba convencida de que el latín tenía que escribirse como el italiano moderno. Evidentemente, nunca podrían haber convencido a la comunidad internacional de usuarios del latín con semejante razonamiento, así que empezaron a idear falaces justificaciones: que el sonido de la vocal y de la semivocal eran suficientemente similares (por más que sea exactamente la misma diferencia que i y j tienen en alemán y muchas otras lenguas que nunca han considerado renunciar a la distinciá ortográfica), que acercaba la ortografía latina a los usos antiguos (aunque cuando, como hemos explicado, la distinción entre i y j tiene de hecho una historia mucho más antigua que la de u y v), etc. Por supuesto, nunca mencionaron que cada una de esas razones se aplica con exactamente la misma fuerza al par latino i/j (donde [i] difiere de [j]) y al par u/v (donde [u] difiere tanto de [w] como de [v], lo pronunciemos como lo pronunciemos), que los italianos no tenían ninguna intención de simplificar porque en italiano tenía sentido continuar usando ambas letras en este caso. Conforme la comunidad internacional empezó a abandonar el uso de la j en una carrera hacia la antigua pureza, fue quedando cada vez más claro para todos los que no habían renunciado a la capacidad humana de razonar, que no tenía ningún sentido en absoluto en latín abandonar la j sin eliminar también la v; así que, habiendo asimilado genuinamente las falaces excusas de los italianos para acercar la ortografía latina a la de tiempos romanos, los mejores filólogos del mundo sintieron la absoluta necesidad de renunciar también a la v, y muchas ediciones críticas de textos clásicos se publican ahora de esa forma. Tenemos así un sistema tradicional i/j/u/v, que ha sido insensatamente socavado y convertido en tan sólo i/u/v de acuerdo con las reformas ortográficas de algún vernáculo, pero en un paso que ha traído consigo la inevitable pero no menos desafortunada consecuencia (ciertamente inesperada por quienes promovían el uso de i/u/v) de un feo sistema i/u como el único resultado razonablemente aceptable. No sólo eso; sino que, siguiendo la misma línea perversa de pensamiento, muchos ahora sienten la necesidad de abandonar también el uso de las mayúsculas en los textos latinos. Adónde llevará la ortografía latina este absurdo sinsentido es difícil de prever, pero no podemos sino lamentar que la caprichosa estrechez de miras de una nación con la más arrogante actitud hacia la lengua de nuestra común civilización haya conseguido traer el caos absoluto a una elegante y sensata tradición ortográfica de siglos.

Nosotros consideramos que nuestros usos ortográficos se desarrollaron durante milenios de acuerdo con criterios de utilidad y claridad, a los que es tan absurdo como innecesario renunciar. Aunque algunos espíritus ciertamente rudos pudieran considerar el abandono de evoluciones estéticas como la distinción entre mayúsculas y minúsculas, parece absolutamente fuera de lugar eliminar usos que reflejan mejor la pronunciación de la lengua y ayudan a la lectura.

Efectivamente, debemos evitar como no transparentes las prácticas ortográficas que, con el especioso pretexto de ser más fieles a las prácticas antiguas o siguiendo consideraciones vernáculas, desprecian siglos de legítima tradición ortográfica latina y prefieren obstaculizar el aprendizaje de la lengua latina negándose a representar transparentemente sus diferentes sonidos. Utilizar la misma letra i para representar tanto la vocal [i] como la consonante [j] puede que signifique ser fiel a las prácticas más antiguas, pero es tan lamentable como innecesariamente no transparente porque no permite distinguir cuál es cuál en palabras como "iam" (donde la i representa una semivocal, pronunciada como la y inglesa de yes) e "iambus" (donde la i representa una vocal, pronunciada como la i inglesa de it), etc. La ortografía no transparente hace que cada vez más gente hoy en día no aprenda la lengua correctamente ya que se les mantiene absurdamente en la oscuridad en cuanto a los sonidos que contienen en realidad las palabras que leen y escriben (hemos oído a más de un catedrático, y por supuesto estudiantes, pronunciar "iam" con i vocálica y "iambus" con i consonántica, cuando es alrevés). Usar i para la vocal y j para la semivocal supone por el contrario una ortografía mucho más transparente, que está justificada por siglos de tradición ortográfica latina y que nos permite ver inmediatamente cuál es cuál escribiendo "jam" pero "iambus", etc. Igualmente usar la misma combinación ae tanto para el diptongo de "aereus" (donde ae representa un diptongo, pronunciado en una sílaba, casi como el español hay) como para el hiato de "aerius" (donde ae representa un hiato, pronunciado en dos sílabas, más o menos como en el español traer), etc. es lamentablemente no transparente (y lleva a error a otros tantos). Usar æ para el diptongo y ae para el hiato, o al menos ae para el diptongo pero para el hiato, es una ortografía mucho más transparente y nos permite ver de inmediato cuál es cuál escribiendo "æreus" pero "aerius" (o "aereus" pero "aërius"), etc.

Como ortografía incoherente debemos evitar prácticas ortográficas que optan por ser transparentes en algunos casos pero no en otros sin razón alguna fonética o históricamente legítima para hacerlo en un caso y no en el otro en absoluto, como cuando alguna gente elige distinguir la vocal [u] de la semivocal [w] escribiendo la primera como u y la segunda como v, que es una práctica pulcramente transparente, en vez de escribir ambas como u, que no sería transparente, y no les importa en este caso no estar siendo fieles a las prácticas antiguas; pero luego, sin razón fonética o histórica para hacerlo, eligen no distinguir la vocal [i] de la semivocal [j] escribiendo la primera como i y la segunda como j, que sería una práctica pulcramente transparente, en vez de escribir ambas como i, que no es transparente. Igualmente optar por distinguir el diptongo æ del hiato ae de forma útilmente transparente, en vez de escribir ambos como ae, pero no distinguiendo el diptongo al mismo tiempo el diptongo œ del hiato oe y escribir ambos no transparentemente como oe, sería también incoherente.

Por último, indicar la duración de las vocales en la escritura era algo que los antiguos romanos no necesitaban hacer porque simplemente sabían cuál era cuál, ya sea porque eran hablantes nativos o porque podían aprender a pronunciar las palabras escuchando a hablantes nativos. El uso del ápice en las inscripciones o manuscritos antiguos es, por lo tanto, bastante irregular. Para nosotros, por otro lado, usar una ortografía de tipo más riguroso, marcando coherentemente todas las vocales largas, es mucho más urgentemente necesario si aspiramos a aprender jamás a pronunciar las palabras correctamente. Había un caso, sin embargo, en que incluso los antiguos hablantes nativos defendían que el uso del ápice es de hecho necesario (cf. Quint. Inst. 1,7,2s), y es cuando una diferencia de longitud en una vocal puede dar lugar a un significado distinto en una palabra, como en "malus" y "málus" o "liber" y "líber" o "rosa" y "rosá" o "loqueris" y "loquéris". Ciertamente esos ápices necesarios no debemos omitirlos nunca.

Es absolutamente innecesario renunciar a todo este acervo ortográfico, bajo ningún concepto; y propugnamos el completo restablecimiento de nuestra centenaria y sensata tradición ortográfica, en aras de la transparencia, la coherencia, y el rigor.